lunes, 16 de diciembre de 2024

Presentación de Shibari, poesía de Dafne Martínez

Viernes 13 de diciembre de 2024.


Entrego un registro de mi lectura de este libro poderoso y bello, con mi agradecimiento y reconocimiento a la poeta.


El primer poema, “Ciertos días del 2004”, no es una remembranza o reflexión sobre una circunstancia lejana. Yo diría que es una voz que supo mantenerse viva y se presenta por su edad: “soy un poema en un libro, pero antes, ciertos días del 2004”.


Un poema necesario es convertir el espacio al que fuimos arrojadas, en un mundo propio. No es denunciar la falsa institución que divide lo cierto de lo falso, es mirar cómo lo uno se escapa entre los dedos de lo otro.


A pesar del tiempo y del destino y de la muerte, darse un espacio.


De pronto, recuerdo mi encuentro con la poesía. En el acto tan predispuesto de leer, las letras comenzaron a retar el orden del mundo, y en mi desconcierto solamente atinaba a revisar el libro, la autoría, el título otra vez… ¿cómo me metí en esto?, volvía a leer el verso, el poema. Varias veces. Hasta entender mi determinación de hacer mi propio cagadero.


Totalmente distinta, Dafne, en su tremenda elegancia, toma su arrebato y lo sienta, y lo hace aprender el idioma que a ella le inspira más placer en ese momento.

 


Personajes diseñados, representaciones de un mundo particular, son entendidos y amados por esta autora, como criaturas que son. Luego nos conduce a experimentar la existencia a través de estas criaturas y nos demuestra que la vida es un accidente del que nadie se va a hacer responsable, y por lo tanto, ‘ante la ley’, a nadie pertenece.


En el mundo de las personas que dedican su vida a pensar en el mundo y escribir al respecto para suscribirse en una tradición científica o filosófica: la materia del ser fantástico se hace pesada, lo suficientemente pesada para chocar.  Aquí se conjura la muerte del Estado por el poder del orgasmo. Se elige la vida o como se quiera llamar a donde una fue arrojada. Y se le asume. ‘La voz’ se apodera de ‘la vida’… Mi vida, yo diría: la atadura entre mis ojos y mi espalda. Y un séptimo capítulo “De la naturaleza de mi poesía”, termina diciendo:


cuando comencé a escribir


ya estaba atada.


 


Donde la poeta decide que sus dogmas merecen compartir con ella la muerte y el placer.


Donde la poeta establece sus propios mandamientos de la ley de Dios y son redentores y son tres.


Tanto el silogismo como el diagnóstico, se deben al poema.


Convocar el tono con el que fueron creados los rezos que se nos hizo memorizar y repetir sólo para demostrar que se puede decir verdad con otras palabras y a pesar de aquellas.


En determinado momento del libro, unos cuatro capítulos envueltos en ello dentro de “De la naturaleza de mi poesía”, el formato libro da, el formato libro quita. Dafne no se somete al formato y diseña un acto performático del que somos partícipes con la mano, al darle vuelta a las páginas, para terminar con la sensación de haber ofrecido la mano y entregado la pata.


Esta poeta se roba la poesía, la somete y sin romperla nos la muestra de una forma para la que no fue creada, o eso creímos. Eso creí.


Nos da el infierno. Y la sorpresa del cielo. Y el cielo. ¿Quién pudiera tomar la sombra a tu lado, Dafne? Tomar la sombra de la naturaleza amorosa de tu poesía.


Este libro termina con un poema que en esta situación se siente un poema simplemente y que no es el primero ni el segundo que tiene una música genial, ni el primero ni segundo en que Dafne nos deja ver cómo suelta tradiciones (religiosas, filosóficas) para entregarse a la experiencia de ser humana.


Me siento muy afortunada por haber leído este libro y por haber vivido a través de su lectura, una vez más, mucho más. Y tal como la primera vez que te escuché hablar, Dafne, sigo pensando que todo lo que sale de tu boca son florecitas. Las flores del mal.

viernes, 15 de julio de 2022

Sobre Redactario, de Eric A. Araya

*Texto leído en la presentación del libro "Redactario, Sencillas recetas para redactar con soltura y distinción", del autor Eric A. Araya, en la ciudad de Querétaro.

En tanto que mi historia como usuaria del español no puede ser totalmente ajena a la de cualquier otro, permítanme comenzar con ella.

Yo era muy pequeña cuando empecé a preocuparme por el efecto de mis escritos en los demás. Tal vez mi falta de entereza en la adultez para formarme en donde hay que formarse cuando se trata de publicar, viene precisamente de las ambiciones y los fracasos que atravesé cuando participaba apasionadamente en los concursos de composición de mi primaria. (Aclaro para los jóvenes presentes: los concursos de ensayo en las primarias de los ochenta, se llamaban "de composición". A la bandera, A los maestros, etcétera). En algún momento abandoné las competencias, pero entonces, el vicio de escribir, ya lo tenía muy arraigado.

Tengo la impresión de haber recibido una formación sólida en materia de gramática. Puede ser que esas primeras clases de Español hayan encontrado resonancia en mí dado que había empezado a leer por gusto para entonces. Un año escolar tras otro recibí la misma información en el aula. Cada año, ante la repetición de esas nociones, era evidente para mí que la mayoría de mis compañeros aún no las adquirían. No recuerdo haberme preguntado por qué, al contrario, disfrutaba dominar el tema de clase y no extrañaba conocer su utilidad en el mundo.

A los doce años (por ahí), me convertí en fanática de una banda de pop llamada Roxette. Eran suecos pero cantaban en inglés. Pasaba las tardes tratando de entender sus letras, verso por verso, con ayuda de un diccionario inglés-español, gordo y grande como La biblia. Así aprendí a distinguir verbos y sustantivos del inglés, lo cual me hizo fuerte en el curso escolar del idioma, pero además significó un nuevo arraigo con el funcionamiento de mi propia lengua. 

Cuando se trataba de redactar, tenía el éxito asegurado. Me convertí en escritora fantasma de las cartas que mis amigas de la prepa regalaban a sus novios (previa entrevista con la firmante, no estamos hablando de ningún acto inmoral). 

Decidí buscar el título de Licenciada en Periodismo, y antes de empezar el curso era reportera en la única televisora local. A pesar de mi experiencia y conocimientos, llegué a ese empleo escribiendo 'iba', del verbo 'ir', con hache; y hache, de la letra, sin h; por ejemplo. Aprendí a ser corregida a ese respecto. Pero cuando quería escribir algo más que una noticia, me metía en un abismo de oraciones subordinadas de intenciones tan elegantes como efectos incomprensibles. Años solitarios de frustración y dolor de cabeza. La enfermedad se fue curando conforme alcancé conceptos tipo intención comunicativa o contexto de la emisión (por ejemplo) que me permitieron hacer de la escritura un acto ordenado sin dejar de ser yo, que era mi pretexto para seguir en aquel oscurantismo.

Como maestra de lengua y literatura en educación básica, y de español como lengua extranjera; así como en la corrección de estilo y en mi propio trabajo de creación literaria, me ha preocupado cuán ajena es la industria de la educación a los problemas de los usuarios de esta lengua, como si ellos mismos no pretendieran serlo. Es increíble. Nacen y mueren generaciones completas de enseñantes y aprendientes que pasan su vida desorientados sobre las posibilidades de su lengua materna. 

En este contexto aparece el Redactario de Eric A. Araya: un acceso fluido y amigable y eficaz a una verdadera apropiación de la lengua. A pesar de ser un documento instructivo, su lenguaje nos revela un carácter, una persona que nos entiende, que está en el mismo mundo que nosotros. Propicia el evento educativo, el aprendizaje, o como gusten llamarlo.

El orden en que Redactario nos ofrece la información, está dado por el sentido práctico de la información. Sabemos que estos datos son para nosotros, porque nos son oportunos. En su voz abstracta es bastante claro y también utiliza con acierto textos de los autores que conocemos, con lo que termina por demostrarnos que las necesidades expresivas de Camus, Murakami y Borges, tienen las mismas herramientas que las nuestras, que no existe ningún impedimento legal para que nos apropiemos de esta lengua nuestra. Un libro así, se agradece, se recomienda y, por supuesto, se disfruta. 

Enhorabuena.

viernes, 31 de mayo de 2013

Para reproducirse, siga de frente

Recuerdo el escenario para mi generación, antes de propagarse el uso de internet, cuando se nos pedía que eligiéramos una profesión digna del orgullo de nuestros padres, de la escuela por donde pasamos y de la patria, pero que también sirviera para mantener una familia, como debe ser.

También se decía que no había esperanza para la mayoría de nosotros, el que no tranza no avanza, que si nuestros padres no eran ricos o nuestras calificaciones extremadamente brillantes no tendríamos oportunidad de estudiar una carrera.

Que el agua se va a terminar, que ya no hay jaguares, que hay SIDA, que la mitad de los humanos saben lo que es el hambre y que los que tienen hambre la sufren toda su vida. Nadie nos dijo que iba a ser fácil, qué va, nos dijeron que en general es imposible, que de lo que se trata es de sobrevivir y que nacimos con el pecado original.

Cada uno a su manera, casi todos seguimos vivos, algunos somos económicamente activos, algunos de cierta forma productivos. Vemos que los recién egresados de preparatoria tienen un panorama muy similar, y ante el cúmulo de amenazas, lo que nos une es la incertidumbre, el caos informativo, la ignorancia…

Así que lo más fácil para estas comunidades amenazadas es comprar una personificación del enemigo, sea el mexicano y centroamericano que viaja para trabajar en nuestro país, los predicadores de una religión distinta a la que aprendimos de nuestros padres o los chilangos, o los de provincia; el miedo delata nuestra condición: quizá no tengamos hambre, pero tenemos miedo. Luego, somos humanos.

A principios de abril comenzó a circular entre usuarios queretanos de redes sociales una caricatura firmada por Pepe Gómez en la cual se reproduce la estatua del célebre indio Conín que recibe a los viajeros en la entrada sur de la ciudad de Querétaro, en la imagen sosteniendo en su mano izquierda un cartel que dice: “En Querétaro cupo lleno para radicar. Siga de frente”. El dibujante agregó un globo de diálogo con lo que se supone habla el monumento: ¡Gracias por su visita, amigo vacacionista!”.

“¡Es la verdad!”, afirman los que comparten la imagen en sus perfiles, negando cualquier posibilidad de cambiar de opinión. Ante el argumento del crecimiento desordenado de la ciudad, cabe preguntarse si estos urbanistas improvisados han considerado crear campañas de esterilización vecinal, pues ya que somos tantos y la ciudad no alcanza para más, sin duda sería una medida de congruencia.

De otro modo se entiende que su rechazo al fenómeno de la migración está basado en la idea de que los mexicanos no somos todos iguales, aunque algunos extranjeros sí son dignos de compararse con algunos de nosotros; un argumento por demás insostenible y anacrónico que desgraciadamente, a pesar de ser alfabetizados y de cursar la educación básica, somos susceptibles de reproducir con la pasión del dogma.

Difícilmente el legendario conservadurismo queretano se vio materializado con más contundencia que ahora, con este dibujo publicado miles de veces en Facebook y tristemente leído por  muchos quienes, se les quiera o no, se mudarán a Querétaro inevitablemente, ahora con el entusiasmo descompuesto y el sabor amargo de la convivencia desprovista de educación.

(Publicado en 30 Días).

San Lázaro baila el rap de la agencia de empleo para estrellas en el olvido


El problema de entender la democracia como la oportunidad de un espacio y un tiempo para todo es que cualquier día la nota de San Lázaro es que un diputado invita al pleno a un rapero, porque “siempre ha tenido la neta del planeta”...

Presidente de la Comisión de la Juventud en la cámara, el panista José Luis Oliveros Usabiaga, alias “Chelis”, es el autor de la intervención del ex vocalista de Caló en la cámara. 

Caló es un grupo promovido por Televisa a principios de los noventas, cuyo aporte a la música mexicana, en caso de existir, no fue destacado por el legislador al presentarlo a los demás diputados.

“Chelis” informó que la comisión “ha decidido empezar hacer lazos con él (Claudio Yarto) y hacer una comunicación más directa con la ciudadanía”, así que el personaje de la farándula noventera, desconocido por cierto para el grueso de los jóvenes de hoy en día, desfiló con sus lentes oscuros y e improvisó unas coplas a los legisladores.

Ya que el rapero no está en su momento de mayor popularidad, la invitación para que este funja como intermediario entre la comisión y sus representados entonces se basa en la supuesta facultad de Yarto de poseer “la neta del planeta”, algo así como la verdad o por lo menos la facultad de emitir una versión de ella con cierta sinceridad.

Estaríamos entonces ante la afición y respeto, tanto del diputado como de sus compañeros de comisión y de cámara, por una suerte de adivinación o peculiar carisma que en todo caso consideran más eficaz que el mérito académico en temas relacionados con la comunicación, la ley, los Derechos Humanos, la salud, y tantos otros urgentes para atender a la juventud mexicana.

Bien por los diputados federales, los jóvenes del país definitivamente no contábamos con su astucia.

(Publicado en 30 Días).

Identidad mexicana by Mattel

“Causa polémica Barbie Mexicana con pasaporte”. Pero luego leemos la nota y nos enteramos que la Barbie Mexicana es una de una colección de barbies del mundo, cada una de las cuales tiene su propio pasaporte. Así que la polémica no la causa la Barbie sino el titular guiado por la irresponsabilidad, amarillismo, ganas de vender o mero descuido.

Esto ocurre con frecuencia en el mercado de la información, donde el consumo de mensajes breves e incendiarios para su reproducción casi instantánea produce malentendidos todos los días.

 Qué importa que sea mentira (o que no sea del todo verdad) si nos atrae visitas al sitio, si incrementa nuestro número de lectores, seguidores en Twitter y prestigio de tener la boca llena de chismes.

Es muy fácil corregir y pedir una disculpa. Difícil es que las disculpas alcancen una difusión similar a la del error, sobre todo si al que produjo la información no le interesa que así sea.

A veces a quienes perjudicaría la manipulación equivocada de la información, tampoco les interesa que la verdad acabe con un rumor que atrae la atención, pues en la actualidad la competencia y la sobre oferta de información hace que la notoriedad sea valorada por encima de la precisión de datos.

Qué importa lo que digan mientras hablen de nosotros, y qué importa si hablan mal de nosotros, si como dicen que dijo Don Quijote, aunque en la obra de Cervantes nunca lo dijo, “Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos”. La frase original de Miguel de Unamuno dice “Deja que los perros ladren, es señal de que vamos avanzando”, pero qué importa eso, Sancho, si lo que queremos es que ladren.

Y por otro lado, el tema de la Barbie es una verdadera veta de distracción, el que malinterpretó esta información debe ser un genio que sabía perfectamente que una Barbie Mexicana necesita algo más que un vestido color rosa y un perro Chihuahua para recrear nuestra identidad:

Una Barbie Mexicana, por ejemplo, debería traer consigo una cartera llena de tarjetas de crédito, desde Wallmart, Liverpool, y por lo menos una de banco. 

#SiBarbieFueraMexicana tiene potencial para alcanzar los primeros lugares de temas del momento en Twitter y todos podríamos darle un aspecto jocoso a nuestra condición por un rato, para variar. Gracias, Mattel. Gracias por nada.

(Publicado en 30 Días).

Carta Magna del Distrito Federal: participación ciudadana para principiantes

Se abre la convocatoria a los ciudadanos para que colaboren en la propuesta que el Senado emitirá a la Legislatura del Distrito Federal sobre la redacción de una Constitución de la entidad, ya que es la única en el país que carece de ella. La convocatoria se centra en la recaudación de propuestas de nombre para la ciudad.

Por un lado se presenta la necesidad de crear una Carta Magna redactada “colaborativamente por todos sus habitantes”, la cual “nos asegure más recursos para invertir en nuestro propio proyecto de ciudad y nos otorgue la facultad de expedir las leyes que reconozcan y protejan nuestro valor como capital de la Federación”.

La plataforma propuesta por la comisión del Distrito Federal del Senado (wikiconstitucion.mx), plantea como primera necesidad la elección de un nombre para el hasta ahora ‘injustamente’ llamado Distrito Federal. Es cierto que también reconocemos en el Distrito Federal a la Ciudad de México cuando así se nombra, pero la primera parte del documento le da una minúscula a la ce de ciudad, al decir ‘ciudad de México’, negando con ello su cualidad de nombre propio.

Con la misma categoría con que se presentan en el sitio web los tópicos de ‘Inicio’, ‘Presentación’, ‘Nuestra ciudad’, ‘Experiencias’, y ‘Participa’ (esta último dedicado a unir como cualidades de la participación ciudadana el orgullo y la voluntad), se plantea como prioridad de nuestra intervención la elección del nombre de la ciudad.
Cómo olvidar que nuestro ex presidente, Felipe Calderón, antes de irse a Estados Unidos propuso cambiar el nombre del país, una controversia que antes de ser analizada fue descalificada por su calidad intrascendente; “tenemos otros temas en los que ocuparnos”.

Participemos entonces, con orgullo y por voluntad propia en la creación de nuestra Cartérrima Magnísima; WikiConstitucion.mx nos dice cómo… ¿cómo?, ¡bien fácil!, preguntémonos “qué nombre puede reflejar mejor nuestra historia, nuestra identidad y nuestro destino más allá del nombre de México”, y “cómo debe llamarse el otrora Distrito Federal cuando sus habitantes decidan reclamar los mismos derechos políticos que su demás compatriotas”.

WikiConstitucion.mx presta una breve reseña de los nombres que ha tenido la ciudad a lo largo de la historia y en cada uno de ellos la oportunidad de votar.

Súper, OK, loquesea; pero quién dijo que necesitamos una Constitución para dejar de llamarnos Distrito Federal, y qué si una de nuestras capitalinas y perversas mentes desea participar en otro tema de la dichosa Carta Magna. Habrá que ver qué…

(Publicado en 30 Días).

Vivir mata; la arbitrariedad de los modelos de vida en México

El Estado mexicano nos protege del tabaquismo; entre otros métodos, con mensajes amenazantes en las cajetillas de cigarros, como “Fumando puedes matar a tu bebé” y “Contiene talio; veneno utilizado en raticidas e insecticidas”. Nos protege a cambio de nuestra confianza y nuestra fidelidad.

Parecido era el sistema con el que se ocupó de promover los derechos de las mujeres en la primera de las campañas del Instituto Mexicano de las Mujeres, “El que golpea a una, nos golpea a todas”, fundamentado en el concepto de la conciencia de género pero, por otro lado, incapaz de alcanzar el de la igualdad en derecho que pudo abarcar con tan solo amenazar no a todas sino a todos: “el que golpea a una, nos golpea a todos”.

Se deduce de estos mensajes con que se nos conduce a determinada conducta, además de presupuestos de que fumar es malo y golpear a una mujer también; que necesitamos ese tipo de amenazas para llevar esos preceptos en los que se supone que estamos de acuerdo, al terreno de nuestras prácticas de vida.

La incongruencia alcanza otro nivel cuando el Estado, que ha de tener motivos bien medidos para proceder sobre nuestros consumos y convivencias, por otra parte fomenta y permite prácticas sobre las que también se ha convenido que conllevan un perjuicio para el individuo o para la sociedad.

A esta mexicana se le recuerda la existencia del cáncer de garganta cada vez que toma un cigarro de su cajetilla, se le dice recurrentemente que su condición de mujer es la de la desventaja, de tal forma que haber nacido mujer es un mérito qué celebrar.

Es por ello que al igual que sus compatriotas del sexo masculino, esta mujer tiene derecho a endeudarse en compras de artículos de lujo, a consumir cualquier cantidad de bebidas alcohólicas y a comer algo más que frutas y verduras recién cosechadas.

Tiene derecho a pasar las cinco, siete o veinticuatro horas que dispone para su esparcimiento sentada o acostada frente a un aparato de televisión y consumir en ella información que cualquiera tiene derecho a producir, y aunque tiene derecho a ocupar su tiempo y su espacio de muchas formas distintas, también tiene derecho a gastar su sueldo quincenal en una sola tarde en el casino sin que nadie la moleste.

Tal vez lo que motiva al Estado a producir estas amenazas no es conducirnos a ningún otro sitio que a la certeza de que alguien es capaz de decirnos lo que nos conviene y no es necesario que nos informemos y decidamos por nosotros mismos.